Al presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, se le amontonan los problemas.
Los escándalos de corrupción que afectan a su entorno familiar y político más cercano se acumulan y arrecian las voces que le exigen que convoque elecciones y ponga fin a un gobierno que lleva años en minoría y meses sin poder sacar adelante iniciativas de calado en el Parlamento.
Los últimos reveses para Sánchez han sido el inicio del juicio contra su hermano David, acusado de prevaricación administrativa y tráfico de influencias por presuntamente haberse beneficiado con un empleo público creado específicamente para él, y la investigación judicial al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, uno de sus principales aliados políticos, por presunto tráfico de influencias y otros delitos en relación con el rescate con dinero público a la aerolínea de capital venezolano Plus Ultra.
Pero también su mujer, Begoña Gómez, y dirigentes que tuvieron la confianza de Sánchez, como su exministro de Transportes, José Luis Ábalos, enfrentan investigaciones o procesos judiciales por supuestos delitos.
Mientras, el PSOE ha encadenado derrota tras derrota en la sucesión de elecciones celebradas en distintas regiones españolas en los últimos meses y las encuestas no vaticinan nada mejor para las previstas el año que viene.
