Es ramadán, no ayuno intermitente

 

Rabat.- Más de 2.000 millones de musulmanes en todo el mundo siguen en estos días el ayuno de ramadán y las redes se inundan de consejos para ayudar al cuerpo y al espíritu y de ‘influencers’ que comparan, o confunden, la abstinencia en el mes sagrado musulmán con las dietas de ayuno intermitente.

Aunque se trata de ayunar, hay diferencias notables. Para empezar, el ramadán tiene una motivación religiosa y no sólo es un mes de ayuno, sino de reflexión.

Entre el amanecer y el atardecer, los musulmanes no pueden comer, beber -ni siquiera agua-, fumar, mantener relaciones sexuales o pelear. Algunos países, como Marruecos, cambian la hora para alargar el tiempo de descanso, porque un mes de ayuno diurno y comidas -en muchos casos atracones- nocturnas puede pasar factura a la salud.

El ayuno intermitente, sin embargo, responde a criterios de salud o estéticos; tiene distintas fórmulas -ayunar ocho, doce o hasta 16 horas- y no impide beber, muy al contrario, los expertos recomiendan hidratarse al máximo y completarlo con deporte.

En el caso de la dieta, las comidas que ponen fin al ayuno no deben ser copiosas ni ricas en grasas ni azúcares.

Muy distinto es el iftar del ramadán. Al caer la tarde, las mesas ofrecen auténticos banquetes que incluyen dátiles, harira -la contundente sopa marroquí con carne y legumbres-, frituras y una completa oferta de dulces ricos en azúcares, harina y miel.

Tras el corto descanso nocturno, al amanecer llega el suhur, el desayuno o la cena, según se mire. Otra comilona con un buena dosis de líquidos para que el cuerpo aguante hidratado la abstinencia durante todo el día.

Romper en público la abstinencia puede acarrear para los musulmanes penas de hasta seis meses de cárcel en países como Marruecos, salvo para niños, enfermos crónicos, embarazadas, mujeres en periodo de lactancia y durante la menstruación.

¿Cambia el peso en ramadán?

Los expertos alertan de que son muchos los fieles que ganan peso en ramadán. En unas horas, la ingesta calórica puede superar con creces las necesidades diarias, porque las porciones rara vez se controlan y las comidas pueden extenderse hasta bien entrada la noche.

Además, durante este mes, baja la actividad física y aumenta la fatiga provocada por el ayuno y la falta de agua. Los días se hacen largos, las noches cortas y disminuye el ritmo del metabolismo y la quema de calorías.

El ayuno por sí solo, insisten los especialistas, no conduce a la pérdida de peso. Para adelgazar, es necesario un déficit calórico, es decir, consumir menos y quemar más calorías.

«El ayuno diurno reduce la frecuencia de las comidas, pero si las cenas son muy ricas en azúcares refinados, frituras, repostería tradicional y porciones excesivas, la ingesta calórica total puede superar fácilmente las necesidades», explicaba esta semana la doctora Nouhaïla Kharrat, experta en nutrición, al diario Le Matin.

En la práctica, según Kharrat, se observa una ligera pérdida de peso durante los primeros 10 días, relacionada con una disminución del apetito y la pérdida de agua. Luego, el peso se estabiliza, o aumenta porque el cuerpo se adapta a los hábitos festivos.

El impacto de la falta de sueño

Durante el ramadán cambian las rutinas, con copiosas comidas nocturnas y un sueño fragmentado para la última ingesta antes del alba. Y la falta de sueño aumenta el deseo de azúcar y la ansiedad.

Por eso, insisten los expertos, un ramadán equilibrado implica ocuparse del descanso y hacer ejercicio, aunque moderado.

En los últimos años se han multiplicado las propuestas en redes sociales para hacer más saludable el ramadán, con las más variopintas recetas, consejos e incluso desafíos, como el «Fit Ramadán 2026», que adapta los entrenamientos a las necesidades de los musulmanes en abstinencia.

Pero todos destacan que ramadán va mucho más allá del ayuno o el deporte porque, según la tradición musulmana, «quien ayuna durante el mes de Ramadán con fe, buscando su recompensa de Allah, se le perdonarán sus pecados pasados». 

Pachaproducción

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