El hecho ha provocado un profundo dolor en la comunidad educativa, familiares, vecinos y todo el sector, que hoy lamentan la partida de un adolescente cuyo futuro quedó truncado por la violencia.
Este trágico desenlace vuelve a encender las alarmas sobre un problema que crece sin control: las confrontaciones escolares que pasan de discusiones a agresiones físicas y, en casos como este, a la muerte. Las escuelas, que deberían ser espacios de formación, valores y convivencia, están siendo escenario de disputas que reflejan una preocupante normalización de la violencia entre adolescentes.
La comunidad exige mayor supervisión, programas de mediación de conflictos, intervención psicológica oportuna y acciones firmes que eviten que estas tragedias sigan repitiéndose.
Mientras tanto, la familia de Noelvin Jeremías llora una pérdida irreparable y el país suma otro nombre a la lista de jóvenes que mueren por conflictos que pudieron evitarse.
Paz a su alma.
